TDAH y Autismo (TEA)

Más allá de la conducta visible.

Cuando un niño percibe y se relaciona con el mundo de forma diferente, surgen dudas e incertidumbres en la familia. Los Trastornos del Neurodesarrollo no son "malos comportamientos" ni problemas de educación; son formas distintas de funcionamiento cerebral que requieren ser comprendidas para poder ofrecer los apoyos necesarios.

En mi consulta en Rubí, realizamos un proceso de cribado y evaluación exhaustiva para identificar perfiles compatibles con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y TEA (Trastorno del Espectro Autista), proporcionando respuestas claras y una hoja de ruta fundamentada.

TDAH: El desafío de la autorregulación

El TDAH va mucho más allá de "moverse mucho" o "despistarse". Es una dificultad persistente en el desarrollo de las funciones ejecutivas, que son las directoras de orquesta de nuestro cerebro. Esto afecta a la capacidad para regular la atención, frenar impulsos y gestionar la energía, impactando directamente en el rendimiento escolar, la vida familiar y las relaciones sociales.

Realizamos una evaluación objetiva para diferenciar si estas dificultades se deben a un TDAH o a otros factores (emocionales, de aprendizaje), y así orientar la intervención más adecuada.

TEA: Una forma diferente de entender en el mundo

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) se manifiesta principalmente en dificultades en la comunicación e interacción social, junto con patrones de intereses restringidos o repetitivos y, a menudo, una sensibilidad sensorial diferente.

Es un "espectro" porque la variabilidad es inmensa. Mi enfoque se centra en identificar el perfil único de cada niño o adolescente. Para ello, utilizo escalas de evaluación estandarizadas de alta fiabilidad (como el SCQ - Cuestionario de Comunicación Social y el ASRS - Escalas de Evaluación del Espectro Autista). Estas herramientas nos permiten objetivar la sintomatología y fundamentar con rigor los informes clínicos, facilitando la derivación a servicios especializados para el diagnóstico definitivo si fuera necesario.

Proceso de Evaluación y Coordinación (CSMIJ/EAP)

Un diagnóstico no es una etiqueta, es un punto de partida para la intervención. El proceso de evaluación es riguroso e incluye:

  1. Entrevistas clínicas con la familia y el niño/adolescente.

  2. Pruebas psicométricas estandarizadas para evaluar el perfil cognitivo, atencional y conductual.

  3. Recogida de información escolar.

El resultado es un informe clínico detallado que sirve para fundamentar la derivación a servicios públicos especializados (CSMIJ) si es necesario un diagnóstico médico oficial, y para coordinar las adaptaciones escolares con el EAP (Equipo de Asesoramiento Psicopedagógico).